Es cierto que cada vez que se menciona una propuesta cognitiva que apuesta por la existencia de universales, no pocos asocian tal universalismo con innatismo; pero tal asociación no es necesaria. El modelo de Piaget es de carácter universalista, a saber, pretende, entre otras cosas, describir la génesis del conocimiento en términos universales; pero no pretende postular universales innatos o, como llamaría el maestro suizo, ‘preformados’. Incluso una teoría como el conductismo skinnereano define principios universales de contigencias de refuerzo como la base a partir de la cual se expresa la conducta. Nada, sin embargo, más lejano de una posición innatista. El conductismo, así como todo sistema de conocimiento que pretenda ser científico, no puede renunciar a algún tipo de universalismo metodológico.
Otra cuestión que algunos asocian al universalismo (y al innatismo) es el ‘naturalismo’. Aquí también yerra la asociación. Una posición naturalista en el estudio de algún fenómeno pretende ubicar su objeto de estudio simplemente como parte del mundo natural (sea cual sea la concepción de mundo natural que tenga un programa de investigación o una teoría). Una posición innatista es, por fuerza, naturalista; mas no toda posición naturalista es innatista. En ese sentido, visiones tan diametralmente dispares como el conductismo (o ciertos tipos de conexionismo) y la propuesta chomskiana son igualmente naturalistas.
¿Cuál es, pues, el universalismo de Ferdinand de Saussure? Quizá las mismas previsiones que el maestro aconsejaba con respecto a la perspectiva de estudio que uno asuma debamos tomar. ¿De qué Ferdinand de Saussure hablamos? ¿El de Bally y Sechehaye, la ‘vulgata’ del último De Saussure?, ¿el del alumno formado por los principios de la ‘naturalista’ Neogramática? , ¿el del joven profesor que ha roto con la Junggrammatik y dicta su cátedra inaugural en Ginebra el año 1891?, ¿el de los apuntes hallados en 1996? Bueno, pues, no es muy fácil trazar en De Saussure una misma línea en el tiempo en relación con este asunto.
De Saussure 1891
Refirámonos a De Saussure a partir de su memorable conferencia inaugural de 1891, a expresiones suyas como las que hemos publicado en el posteo anterior y a otras que aquí publicaremos, así como a expresiones posteriores. Seguimos refiriéndonos a la siguiente edición:
De Saussure, Ferdinand (2004) Escritos sobre lingüística general. Barcelona, Gedisa.
Una primera aproximación a la segunda cita del posteo anterior la haré invocando el fragmento siguiente, a propósito de lo que dice De Saussure sobre lo estéril que resulta estudiar las lenguas sin un principio unificador (De Saussure: 131):
[...] el provecho neto que de él resulta para nuestro conocimiento de las operaciones posibles del instinto humano aplicado a la lengua. [...]
La postura es claramente naturalista (y hasta cierto grado innatista), como podemos colegir de la mención a las “operaciones del instinto humano aplicado a la lengua”.
Sin embargo, en la misma conferencia de 1891 señala (De Saussure: 131) :
[...] suponiendo que el ejercicio del habla constituyera en el hombre una función natural, punto de vista eminentemente incorrecto [...]
Y más adelante agrega (De Saussure: 133):
Si el estudio lingüístico de varias lenguas o de una sola reconoce como objeto final y principal la comprobación y la búsqueda de las leyes y procedimientos universales del lenguaje, se podría preguntar hasta qué punto estos estudios tienen su lugar en una Facultad de Letras, o si no tendrían un lugar igualmente conveniente en una Facultad de Ciencias. Eso sería replantear la muy conocida cuestión que agitaron hace un tiempo Max Müller y Schleicher; señores, ustedes lo saben, hubo un tiempo en que la ciencia del lenguaje se había persuadido a sí misma de que era una ciencia natural, casi una ciencia física; no pienso demostrar que se trataba de un espejismo, sino que, por el contrario, he de constatar que ese debate está cerrado y bien cerrado. A medida que se ha ido comprendiendo mejor la auténtica naturaleza de los hechos del lenguaje, tan cercanos y por eso mismo más difíciles de captar en su esencia, se ha hecho más evidente que la ciencia del lenguaje es una ciencia histórica y nada más que una ciencia histórica.
[...] cuanto más se estudia la lengua, más claramente se comprende que todo en la lengua es historia, es decir, que se trata de un objeto de análisis histórico y no de análisis abstracto, que se compone de hechos y no de leyes, que todo lo que parece orgánico en el lenguaje es en realidad contingente y completamente accidental.
¡Vaya! Nos encontramos aquí a un De Saussure historicista y antinaturalista…¡en el mismo texto de 1891 donde había expresado, si bien marginalmente, otro punto de vista! A este respecto, al menos en lo relacionado con su historicismo, debemos reconocer aquí las huellas de su antigua filiación neogramática.
De Saussure ‘post Whitney’
Años más tarde, y a propósito del carácter histórico del lenguaje, en unas notas para un artículo sobre Whitney (del archivo 3297) posteriores a 1893, De Saussure se desmarca de la posición historicista de la conferencia de 1891 y sostiene, ya bajo el influjo del maestro norteamericano, lo siguiente (De Saussure: 187):
La situación exacta del lenguaje entre las cosas humanas es tal que es extremadamente dudoso y delicado decir si se trata más bien de un objeto histórico o más bien de otra cosa pero en el estado actual de las tendencias no hay ningún peligro en insistir especialmente en su vertiente no histórica.
Que en cada momento de su existencia el lenguaje es un producto histórico es lo que es evidente. Pero que en ningún momento del lenguaje ese producto histórico represente otra cosa que el último compromiso que acepta la mente con ciertos símbolos, esa es una verdad más absoluta todavía, pues sin este último hecho no habría lenguaje. Pero el modo en que la mente puede utilizar un símbolo (dado, en primer lugar, que el símbolo no cambia) es toda una ciencia que no tiene nada que ver con las consideraciones históricas. Además, si el símbolo cambia, se produce inmediatamente después un nuevo estado, que exige una aplicación nueva de las leyes universales.
Algo novedoso: “el último compromiso que acepta la mente con ciertos símbolos”. Y de nuevo: “las leyes universales”, y esta vez aludidas a propósito del cambio. No es, entonces, que haya ‘leyes’ del cambio lingüístico o algo así, como en la época de la Gramática Comparativa o como en los neogramáticos, sino simplemente hay una “aplicación nueva de las leyes universales”. Interesante, como si de un estado de lengua a otro hubiera algo así como un nuevo ‘tiro de dados’ cuyo resultado fijase las opciones de una gramática universal.
El último De Saussure
¿Mantendrá De Saussure esta concepción hasta su última etapa, la de los cursos dictados en Ginebra en 1910-1911? La respuesta es no, si bien no regresa a la concepción historicista de quienes fueron sus maestros. Veamos un fragmento de la edición Engler (1968-1974) (De Saussure: 293-294):
[...] cuando interviene el Tiempo combinado con el hecho de la psicología social, entonces nos damos cuenta de que la lengua no es libre [...]
Definición: Cuando se elimina del lenguaje todo lo que es solo Habla, lo que queda puede llamarse la Lengua con propiedad y sólo comprende términos psíquicos, el nudo psíquico entre idea y signo, lo que no puede decirse del habla.
Pero eso sería solamente la lengua tomada fuera de su realidad social y eso sería irreal puesto que es necesaria una masa hablante que use la lengua para que haya Lengua. La lengua reside en el alma colectiva [...].
[...] Como el signo lingüístico es arbitrario por naturaleza, parece a primera vista que nada impida [ ] un sistema libre que sólo dependa de sus propios principios lógicos, y como una ciencia pura de relaciones abstractas.
[...]
La lengua no es libre, por el principio de continuidad o de solidaridad indefinida con las edades precedentes.
2ª La continuidad encierra el hecho de la alteración que es un desplazamiento de valores.
Estamos en un punto nuevo, aunque en parcial retorno a las conferencias inaugurales de Ginebra de 1891. En aquella ocasión, De Saussure trató acerca de dos principios que caracterizan a la lengua: el principio de continudad en el tiempo y el principio de transformación en el tiempo (De Saussure: 133, 134, 135, 136, 137, 138, 141). Este cambio, este desplazamiento de su idea de la “aplicación nueva de las leyes universales” a una concepción que piensa el cambio, no determinado por puros principios ‘diacrónicos’, pero sí como regulado por las presiones del principio de continuidad es algo interesante y que, por lo demás, constituye uno de los estados pendulares en los que se mueven hasta hoy en día las hipótesis en Lingüística Histórica (y también en otros campos aparentemente muy disímiles como en la Adquisición de segunda lengua).
La idea más común entre los neogramáticos (idea que sigue reformulándose en teorías modernas del cambio lingüístico) era que existen leyes o principios del cambio lingüístico ‘con peso propio’ y que ellas son las únicas que determinan el cambio, digamos, ’sin ningún otro filtro’ y ’sin excepciones’. Otra idea del cambio es que existen principios propios del cambio, pero estos no actúan solos pues no pueden hacer caso omiso de los principios universales de las lenguas. Una tercera idea es la del ‘tiro de dados’: los distintos estados de lenguas son como meras y directas variaciones entre los parámetros de una gramática universal, sin ningún filtro especial de presiones impuestas por los propios estados de lengua (o gramáticas particulares, para hablar en términos chomskianos). El último De Saussure, si bien no con toda claridad y sentido categórico, toma partido por la segunda idea.
Pero regresemos al tema central del universalismo saussureano. De Saussure no rechaza los universales del lenguaje; lo que es más, los admite abiertamente, incluso desde una posición innatista, como lo vemos en unas notas de la última década del siglo XIX (De Saussure: 159):
El lenguaje, propiedad de la comunidad, como los ‘usos’, responde en el individuo a un órgano especial preparado por la naturaleza.
E incluso en apuntes muy posteriores (De Saussure: 238):
Es maravilloso ver cómo, cualquiera que sea el modo de perturbación que aporten los elementos diacrónicos, el instinto lingüístico se las arregla para obtener lo mejor [...] quiero decir que la tendencia al sistema o al orden no se cansará nunca: por más que se le ampute a una lengua lo mejor que tenía de su organización el día anterior, se verá al día siguiente que los materiales que se han mantenido habrán experimentado una reorganización lógica en algún sentido, y esta reorganización puede funcionar en lugar de lo perdido, aunque algunas veces en un plano general diferente.
El hecho es que, a pesar de este universalismo de filiación innatista, De Saussure toma una posición ‘antinaturalista’. ¿Cómo se entiende tal postura? A ello trataremos de responder en el siguiente posteo.