Terminamos el año pasado en este blog no con un tema que nos hubiera gustado tratar, pero los acontecimientos en el mundo tomaban un cariz que a mi conciencia ameritaba una toma de posición: el cobarde asesinato de un estudiante anarquista griego de 15 años en manos de un policía, el valiente levantamiento de los estudiantes griegos y la brutal represión del Estado. Ahora regresamos luego de un pequeño descanso por fiestas y no podemos continuar tranquilamente con los temas centrales de este blog porque simplemente lo feo de este mundo se ha puesto nauseabundo: la atroz masacre del pueblo palestino en Gaza, una vez más, por el Estado de Israel, que sigue actuando impunemente con el auspicio del Estado yanqui. A propósito de esta situación, hace unos días Noam Chomsky, en un evento organizado por el MIT Center for International Studies, dijo, a propósito de una retrospectiva de la escalada terrorista del Estado de Israel contra los palestinos, lo siguiente:
The US-Israeli assault on Gaza escalated in January 2006 [...] because Palestinians committed a ‘real crime’: they voted the wrong way in a free election, and that’s a ’serious crime’ [...] (La agresión israelita-norteamericana contra Gaza aumentó drásticamente en enero de 2006 [...] porque los palestinos cometieron un ‘verdadero crimen’: votaron de modo incorrecto en una elección libre, y eso es un ‘crimen grave’[...]).
La elección de Hamás, ese ‘grave crimen’ que cometió el pueblo palestino, ha servido de ‘justificación’ para que el Estado de Israel haya estado atormentando sin cesar al pueblo palestino so pretexto de luchar contra Hamás. A duras penas, en junio del año pasado se logró una tregua que tenía varias condiciones: Israel se comprometía a levantar el bloqueo sobre Gaza, no debía cometer más agresiones militares y Egipto tenía que abrir sus fronteras: ninguna de estas condiciones se cumplió a cabalidad y Hamás levantó la tregua el 19 de diciembre. Como vemos, fue Israel quien no respetó la tregua. Con la coartada del cese a la tregua por parte de Hamás a fines del año pasado y la reanudación de su hostigamiento a Israel con cohetes caseros, el 27 de diciembre del año pasado el ejército de Israel empezó el brutal bombardeo de la Franja de Gaza. De inmediato, se desplegó el gran montaje de los principales medios de comunicación del ‘mundo libre’, montaje que demostraba, una vez más, ser una herramienta psicológica de la hegemonía de Israel-EEUU: “Israel simplemente respondía defendiéndose de los ataques terroristas de Hamás”. Esa es la versión ‘oficial’ de los hechos expresada en la ‘neolengua’ orwelliana del ‘Gran Hermano’. Lo demás es historia que conocemos, a pesar de la manipulación informativa de no pocos grandes medios de comunicación: Gaza invadida y arrasada, más de 1300 muertos y alrededor de 6000 heridos hasta el momento, casi todos ellos población civil indefensa, en gran parte conformada por mujeres y niños.
A continuación, les brindamos aquí el enlace a
la interesante y valiente conferencia de Chomsky, tanto más meritoria al provenir de alguien quien en estos momentos sufre el duelo por la muerte de quien fuera su compañera de toda una vida: Carol. Otras palabras de Chomsky sobre la situación en Gaza las pueden encontrar en esta entrevista que le hiciera Sameer Dossani para Foreign Policy in Focus hace dos días. Un artículo del especialista belga en asuntos internacionales, Michel Collon, que trata, entre otras cosas, sobre la desinformación de los medios de comunicación en Europa, pueden leerlo aquí. Finalmente, un válido símil entre la Franja de Gaza y el Gueto de Varsovia a cargo de Alastair MacDonald se puede leer en este artículo.
Una cuestión que veo que aún no se ha discutido mucho a propósito de los eventos recientes es la relevancia global de lo que significa este despliegue terrorista del Estado de Israel. Sin restarles verdad a los detalles locales en los que no pocos analistas coinciden, a saber, que Israel no tiene una seria intención de permitir un Estado palestino viable y soberano en sus fronteras ni dar marcha atrás a su política de asentamientos, los actuales (y no tan actuales) acontecimientos apuntan globalmente a sostener e incrementar sustancialmente un estado de zozobra regional tal, que justifique el control por el terror a un Estado que cumple la función de resguardar los intereses económicos y políticos de EEUU en el escenario de una economía mundial que sigue girando (mas no creciendo más) en torno a la explotación y dominio de fuentes energéticas fósiles. De más está decir, Israel es ese Estado. La situación no difiere, en esencia, de la guerra contra ‘el terror’ en la que se embarcara EEUU a propósito de los acontecimietos del 11 de setiembre y que marcara el ingreso a un nuevo orden internacional, el de la ‘guerra contra el terror’, que sustituyera al de la ‘guerra fría’. La finalidad es control, control y más control, y tanto más desesperadamente control en el escenario de una economía global en crisis que el poder del gran Capital intenta ahora parchar con recetas neokeynesianas financiadas sobre los hombros de la gente común en el frente interno y sobre el dominio de las economías proveedoras de fuentes energéticas en el frente externo, y tanto más desesperadamente control ante la mayor conciencia y las reacciones de protesta de diversos sectores sociales. El control sigue ejerciéndose por la ‘fabricación del consenso’, por un lado, y el poderío militar y la represión policial, por el otro. Estas dos vías del control están íntimamente relacionadas. En primer lugar, por diversos medios, tanto militares como propagandísticos, se promueve siempre un ambiente de zozobra que justifique ante el público la necesidad de darle guerra al ‘terror’: el grado de su expresión militar será directamente proporcional a la importancia de la economía en juego; en segundo lugar, por medios propagandísticos y policiales se intentará neutralizar y eventualmente eliminar cualquier respuesta social de protesta y esto será directamente proporcional al grado de la protesta. A su vez, el grado de la represión militar-policial será inversamente proporcional a la efectividad de la propaganda. Bueno, si damos un vistazo atrás en el pasado todavía cercano, a las grandes protestas mundiales de Seattle y Ginebra en el mismo corazón de las sociedades del Gran Capital (1999 y 2000) les sucedió, a propósito o ’so pretexto’ de los atrentados del 11 de setiembre al año siguiente, la vigorosa reacción del sistema: la mayor ofensiva hasta ahora conocida de la ‘guerra contra el terror’. Sin duda, esta ofensiva de la reacción tuvo como efecto hacer retroceder las protestas mundiales, a pesar de los foros sociales mundiales y diversos avances de grandes sectores sociales. Pero el clamoroso desgaste norteamericano en la ocupación de Irak y la crisis económica mundial nos han traído un nuevo escenario en el que la mundialización de las protestas vuelve a ocupar un rol protagónico: en ese contexto se ubican, por ejemplo, los recientes levantamientos generalizados en Grecia y las multitudinarias respuestas de apoyo en Europa, sobre todo en España e Italia, que han ido mucho más allá de una simple protesta por el asesinato de un adolescente anarquista. Paralelamente tenemos la situación de Cercano Oriente, a la que ya nos referimos anteriormente: el pueblo palestino resiste, se levanta frente al atropello del Estado de Israel. El golpe terrorista de Israel y su apoyo desde Washington pretenden no solo evitar un Estado palestino viable y soberano y continuar la política de asentamientos, sino también legitimar el control terrorista sobre Oriente Próximo so pretexto de la ‘guerra contra el terror’. Esa es la relevancia global y es apenas una entre varias movidas que EEUU a través de su enclave israelita está digitando. De hecho, con Barack Obama al frente, seguirán intentando provocar a Irán de modo que se justifique una respuesta nuclear contra la antigua Persia. De ser así, las perspectivas son de pronóstico reservado. Solo la mundialización de la protesta puede traernos mejores perspectivas ante la posible barbarie.